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Posts etiquetados ‘Literatura’

4
Feb

El «Don Juan» de Gregorio Marañón

Como ensayista Marañón se ocupó de los temas centrales de la cultura española, de las manifestaciones más cotidianas; pero nada baladí. Por el contrario, los más triviales temas son diseccionados por la pluma de Marañón de una manera lúcida y sensata.

Aquí nos ocupa el tema del Don Juan. Es un tema que preocupó a varios pensadores de este momento histórico. Incluido el gran Ortega en sus ensayos «Sobre la elección en el amor». Marañón, decíamos, le dedicó varios textos, nos interesa el que titula: «Gloria y miseria del Conde de Villamediana», en donde el autor trata de volver sobre el tema, en consideración de que en otro espacio dijo «algunas cosas duras», que la gente interpretó mal. El autor cree necesario replantear algunos tópicos para evitar equívocos. Pues no cabe duda que la figura de Don Juan, ha sido «manantial de tantas creencias literarias», y por ello urge su análisis serio.

Lo primero es ubicar su relación con el tema de hoy: pues aunque pareciera que los tiempos que corren no admiten la idea de un «burlador» al estilo donjuanesco; dado que las costumbres se han relajado, se han dispersado; dado que los valores en relación con los compromisos sentimentales han casi desaparecido. Pero, dice Marañón: «el juego teatral, aventurero y romántico que supone la seducción de la mujer» aún sigue vivo; aún está presente en estos tiempos en los que el teléfono y el automóvil acortan las distancias y disminuyen las relaciones profundas.

Importa, en segundo lugar, vincular el fenómeno al ámbito de lo biológico: para nuestro autor, el ánimo que guía al conquistador es propio de la juventud, pues en esa etapa la vida pinta para ser turbulenta, arriesgada, sin punto fijo. Cierto que habrá excepciones, eso que llama el donjuanismo tardío, «hombres cuyas buenas fortunas no comienzan hasta la plena madurez», pero son expresiones de otro tipo. Normalmente cobran sentido por otras circunstancias.

Y es aquí donde nuestro autor desvía su atención hacia el lado cultural y literario del fenómeno. Más aún, hacia la parte de mito que lo rodea. En primer lugar, la nacionalidad del fenómeno. Por más que se diga y repita hasta al cansancio que el Don Juan no puede ser sino español, Marañón se ocupa en demostrar que esto no es así. El aparente origen español del donjuanismo débese, según nuestro autor, a que el Don Juan es un rebelde, y

«su rebeldía era más heroica, más llamativa que en parte alguna en España; porque, entre nosotros, los poderes contra los que se subleva ―Dios y el Estado― eran también más fuertes que en parte alguna».[93]

El físico del Don Juan, se ha creído, es de orden típicamente masculino. Nada de eso, dice Marañón; más bien. debe considerarse lo contrario. El Don Juan posee rasgos faciales de orden femenino, pues de otra manera no podría ser un conquistador empedernido; solo un espíritu incapacitado para el amor, puede mostrarse dispuesto al cambio constante, a la fluctuación continua de su pasión amorosa; dos cosas entonces, un Don Juan varía en su apreciación de la mujer, al grado de no poder concebir el verdadero milagro del amor maduro y pleno y, por ello, es menester un físico más plásticamente bello, éste es el argumento de Marañón:

«La morfología que corresponde a los hombres dotados de una capacidad amorosa extraordinaria es, por lo común, un tanto antiestética: talla reducida, piernas cortas, rasgos fisonómicos intensamente acusados, piel ruda y muy provista de barba y vello. Nada, por lo visto, parecido al Don Juan esbelto, elegante, de piel fina, cabello ondulado y rostro lampiño.» [74]

Y más aún, nuestro autor, en su empeño por derrumbar los mitos, definirá al Don Juan como un ser que no disfruta de la experiencia mística que es el amor. Y su leyenda no contribuye sino a perpetuar los mitos de una clase de sentimentalismo simplón que esta representado en el Conde de Villamediana por primera vez en la historia: «En último término, si me apurasen a decir quién fue en vida el primer Don Juan yo no dudaría en responde que Villamediana» De ahí el título de su breve ensayo.

 

Las citas son tomadas del texto:

Gregorio Marañón, Don Juan. Ensayos sobre el origen de su leyenda, Buenos Aires: Espasa-Calpe, 1942, pp. 65-110

28
Oct

Los placeres corporales de Luis Cernuda

 

Dice Luis Cernuda que la causa secreta de su poesía era «un estado de receptividad, de acuidad espiritual que, en su intensidad desusada, llegaba, en ocasiones, a sacudirme con un escalofrío y hasta provocar lágrimas, las cuales, innecesario decirlo, no se debían a una efusión de sentimientos.» Y hay que creerle; sobre todo en lo que refiere a los potentes versos que componen Los placeres prohibidos de 1931. Pues estamos no ante la sentimentalidad cursi y socarrona; sino ante el hombre postrado ante el cosmos. Estamos ante el visionario que no puede explicarse a sí mismo lo que ocurre, y, por ello, escribe poemas.

No es el hecho de buscar las respuestas fundamentales de la existencia, sino de evocarlas consciente de los riesgos:

Extender entonces la mano

es hallar una montaña que prohíbe,

un bosque impenetrable que niega,

un mar que traga adolescentes rebeldes.

No hay, pues, resignación. Pero sí rebeldía. Sí, también, anhelo de cruzar las fronteras que la razón humana ha impuesto:

Ahora hace falta recoger los trozos de prudencia,

aunque siempre nos falte alguno;

recoger la vida vacía

y caminar esperando que lentamente se llene,

si es posible otra vez como antes

de sueños desconocidos y deseos invisibles.

Mira el poeta, con nostalgia, un decaimiento no provocado, aparentemente, por nada. Por el solo hecho de estar aquí para sentirlo; decaimiento de las cosas, incluso del amor:

Qué ruido tan triste el que hacen dos cuerpos cuando

se aman…

Y pronto:

No decía palabras

acercaba tan solo un cuerpo interrogante.

Aún así construye grandes episodios de poderosa sensualidad, y firme creencia en la plenitud del ser:

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso

en alguien

cuyo nombre no puedo oír si escalofrío

Y, magistralmente, usa (contempla) la materialidad del cuerpo como espíritu. El cuerpo como vehículo de expresión intensa. Como fuerza cósmica que somete, pero libera:

Unos cuerpos son como flores,

otros como puñales,

otros como cintas de agua;

pero todos, temprano o tarde,

serán quemaduras que en otro cuerpo se agranden,

convirtiendo por virtud del fuego a una piedra en un

hombre.

El cuerpo no es lo biológico; es lo cósmico. El territorio de lo eterno:

Te lo he dicho con el sol,

que dora desnudos cuerpos juveniles

y sonríe con todas las cosas inocentes.

 

 

Poemas tomados de

Luis Cernuda, La realidad y el deseo, edición, introducción y notas de Miguel J. Flys, Madrid: Editorial Castalia

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