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Posts etiquetados ‘Arte’

28
Oct

Los placeres corporales de Luis Cernuda

 

Dice Luis Cernuda que la causa secreta de su poesía era «un estado de receptividad, de acuidad espiritual que, en su intensidad desusada, llegaba, en ocasiones, a sacudirme con un escalofrío y hasta provocar lágrimas, las cuales, innecesario decirlo, no se debían a una efusión de sentimientos.» Y hay que creerle; sobre todo en lo que refiere a los potentes versos que componen Los placeres prohibidos de 1931. Pues estamos no ante la sentimentalidad cursi y socarrona; sino ante el hombre postrado ante el cosmos. Estamos ante el visionario que no puede explicarse a sí mismo lo que ocurre, y, por ello, escribe poemas.

No es el hecho de buscar las respuestas fundamentales de la existencia, sino de evocarlas consciente de los riesgos:

Extender entonces la mano

es hallar una montaña que prohíbe,

un bosque impenetrable que niega,

un mar que traga adolescentes rebeldes.

No hay, pues, resignación. Pero sí rebeldía. Sí, también, anhelo de cruzar las fronteras que la razón humana ha impuesto:

Ahora hace falta recoger los trozos de prudencia,

aunque siempre nos falte alguno;

recoger la vida vacía

y caminar esperando que lentamente se llene,

si es posible otra vez como antes

de sueños desconocidos y deseos invisibles.

Mira el poeta, con nostalgia, un decaimiento no provocado, aparentemente, por nada. Por el solo hecho de estar aquí para sentirlo; decaimiento de las cosas, incluso del amor:

Qué ruido tan triste el que hacen dos cuerpos cuando

se aman…

Y pronto:

No decía palabras

acercaba tan solo un cuerpo interrogante.

Aún así construye grandes episodios de poderosa sensualidad, y firme creencia en la plenitud del ser:

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso

en alguien

cuyo nombre no puedo oír si escalofrío

Y, magistralmente, usa (contempla) la materialidad del cuerpo como espíritu. El cuerpo como vehículo de expresión intensa. Como fuerza cósmica que somete, pero libera:

Unos cuerpos son como flores,

otros como puñales,

otros como cintas de agua;

pero todos, temprano o tarde,

serán quemaduras que en otro cuerpo se agranden,

convirtiendo por virtud del fuego a una piedra en un

hombre.

El cuerpo no es lo biológico; es lo cósmico. El territorio de lo eterno:

Te lo he dicho con el sol,

que dora desnudos cuerpos juveniles

y sonríe con todas las cosas inocentes.

 

 

Poemas tomados de

Luis Cernuda, La realidad y el deseo, edición, introducción y notas de Miguel J. Flys, Madrid: Editorial Castalia

2
Sep

La poesía de Antonio Machado: Soledades (1899-1907)

 

 

Don José Ortega y Gasset dice que la poesía de Antonio Machado es «casta, densa y simbólica», y no le falta razón a nuestro gran filósofo. Pues al iniciar la lectura de tales versos, se puede apreciar que predominan temas de orden sentimental, dirigidos a consagrar amistades, lazos familiares, preocupaciones sociales y culturales, sin menospreciar el ámbito natural representado en esas enormes y fecundas tierras que tanto cantará el poeta; se ocupa nuestro poeta de rendir culto a socialidad inherente al ser humano y de invocar un mundo interior que le sale a flote no se sabe por qué…

Primero la tristeza familiar por la huida del hermano, el Aventurero:

 

«…y entre nosotros, el querido hermano

que en el sueño infantil de un claro día

vimos partir a un país lejano…»

 

 

y del que no se sabe si su aventura fue fructífera:

 

 

¿Ansias de vida nueva en nuevos años?

¿lamentará la juventud perdida?

 

 

Y él mismo, el aventurero ha cambiado, casi sin quererlo:

 

«Hoy tiene ya las sienes plateadas,

un gris mechón sobre la angosta frente;

y la fría inquietud de sus miradas

revela un alma casi toda ausente…»

 

Es Machado, definitivamente, un ejemplar de este novísimo producir poético, que arrancó con la influencia de Darío, ese: «indio divino, domesticador de palabras, conductor de los corceles rítmicos.» Y que pasa a incorporar los elementos de intimidad y emocionalidad fina que los alrededores producen en el poeta:

 

¡Verdes jardincillos,

claras plazoletas,

fuente verdinosa

donde el agua sueña,

donde el agua muda

resbala en la piedra!…

 

 

Y su vocación sentimental también ocupa la actividad del poeta:

De tu morena gracia,

De tu soñar gitano,

De tu mirar de sombra

Quiero llenar mi vaso.

Me embriagaré una noche

De cielo negro y bajo,

Para cantar contigo,

Orilla al mar salado

una canción que deje

cenizas en los labios.

 

Igualmente la elegía de sus alrededores, de la naturaleza misteriosa que lo rodea, es objeto de su canto; muchos versos dedicará a decirle palabras de íntimo gozo o su inevitable tristeza, a los prados y los bosques, las colinas, las flores y los paisajes en general:

 

Naranjo en maceta, ¡qué triste es tu suerte!

Medrosas tiritan tus hojas menguadas.

Naranjo en la corte, ¡qué pena da verte

Con tus naranjitas secas y arrugadas!

 

Estamos ante un poeta, pues, que simboliza a la naturaleza, que provoca el habla del paisaje, es decir, hace que éste hable y nos dicte su más hondo secreto. «La tierra de Soria humanizada» ─diría Ortega, que aparece ante el poeta, y a través de él, ante nosotros, con un aire místico y cuasidivino, es una muestra de la misión de este poeta que vino a platicar al mundo para ser el vehículo de comunicación con los paisajes.

No pierde ocasión nuestro poeta, para deambular por los secretos caminos de la existencia humana, y por sus más íntimos recovecos:

 

¿Mi corazón se ha dormido?

Colmenares de mis sueños,

¿Ya no labráis? ¿Está seca

la noria del pensamiento,

los cangilones vacíos,

girando, de sombra llenos?

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