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Entradas de la categoría ‘Introducción a la historia’

7
Ago

Lorenzo de Zavala y la narración histórica del político

Cuando el 13 de octubre de 1788, nace Lorenzo de Zavala, en Yucatán los sucesos que recorrían al virreinato de la Nueva España eran aún la semilla de lo que pronto se desataría como el movimiento más complejo y paradójico de esos tiempos: La independencia de la Nueva España. Zavala tendría que esperar hasta sus 33 años para iniciar una vida de actividad política que lo situó en al ámbito de mayor importancia del momento; desempeñando puestos de suma importancia paso de diputado a las cortes a gobernador del estado de México, según nos dice Andrés Lira en la página 195 de su valioso estudio, Espejo de discordias, editado por el Consejo nacional para la cultura y las artes en 1984; llegó incluso a escribir el discurso preliminar de la constitución del 24. Su astucia lideresca le permitió desenvolverse mediante la intriga, la canallada y el golpe bajo, que caracteriza a todo aquel que quiera inmiscuirse en la falacia ésa que se llama política. Hechos como la creación del rito de York, el motín de la acordada y su consecuente destierro como ministro plenipotenciario de México en Francia, demuestran su tendencia a la acción de masas, aunque después lo negaría. Luego se le vería promoviendo la independencia de los colonos texanos. Adquirió grandes fortunas que le rindieron para su residencia Zavala`s Point donde murió en 1837.

Hombre de gran talento retórico, se desempeñó como periodista y escritor, leyó a los grandes filósofos y pensadores de su época y dejó una obra que se inserta como representativa dentro de la historia de la historiografía mexicana, su famoso Ensayo histórico de las revoluciones desde 1808 hasta 1830, donde intenta, según escribe, ser imparcial ante los hechos. Veamos qué tanto lo fue.

Escuchemos al propio Zavala definir su método que podemos encontrar en la página 9 de la «Introducción» a su Ensayo histórico de las Revoluciones de México desde 1808 hasta 1830, publicado por el Fondo de Cultura Económica en 1985, el subrayado es mío:

Al emprender publicar este  Ensayo histórico de las últimas revoluciones de México, me propongo mas bien dar á conocer  el carácter, costumbres y diferentes situaciones de aquel pueblo, que hacer narraciones cansadas en las que como dice muy bien M Sismondi, solo se encuentra una repetición de los mismos actos de crueldad, de maldades y de bajeza que fatigan al espíritu, causan fastidio á los lectores y degradan en cierta manera al hombre que se ocupa largo tiempo en recorrer los horrores y estragos de los partidos y facciones.

Frase ésta bastante elocuente que nos induce a pensar que dentro de sus limitaciones narrativas no está exenta, al menos, la contrariedad teórica, me explico: es común encontrar en los escritos de la época palabrería bañada con fuerte carga emotiva que disfraza y tergiversa, miente.

Su forma de escribir, que no de pensar la historia se acerca a una narración que intenta rescatar del pasado hechos y acontecimientos políticos, por más que opine lo contrario, su relato abusa de adjetivos peyorativos y conjuga la sentencia apocalíptica con la crónica lúcida, pero no menos polémica. Estos elementos aparecen para seducir una idea que nos muestre poco, o nulo, intento histórico verdaderamente histórico en el escrito de Zavala; hay más bien la necesidad imperiosa, aunque implícita y borrosa, de protestar ante el hecho: el pasado se vuelve prueba de que el presente está mal, hay que guiarlo entonces, partidariamente demostrando las mentiras a las que es sometido, aquí otras palabras de Zavala ubicadas en la página 10 del citado libro:

Los historiadores de la conquista de México han dado á sus relaciones un aire de ecsageración (sic) que han sido el origen de muchas fábulas ridículas y de romances divertidos. Los mas juiciosos escritores no han podido preservarse de dar crédito á algunos hechos enteramente falsos, y aun absurdos, lo que les ha inducido en errores de mucha consecuencia, y podemos asegurar que ninguna historia ha sido más revestida de ilusiones, de hipérboles, de cuentos y episodios románticos, que la de esos remotos países, causando la distancia y aislamiento en que los mantuvo la política del gobierno español, casi los mismo efectos que los que produjeron los tiempos heroicos.

Su determinación de falso altruismo se desemboca en la aspiración a convertir los sucesos históricos en arquetipo del bien o mal obrar, si por casualidad el antepasado recibió un mal trato, ahora, dentro de la actividad política que le toca desempeñar, esto, él y su grupo, pueden cambiarlo. No se trata de desperdiciar pluma para “conocer el carácter costumbres” etc., de los historiados dentro de su importancia científica (si se me perdona el  primer anacronismo confeso), sino más bien conocer esto siguiendo una lógica de desprestigio, manipularlo arguyendo siempre culpabilidades, relatarlo consintiendo la alusión más que la determinación, sirvan unas palabras ubicadas en la página 29 del Ensayo ya citado:

La revolución de Nueva España, hoy Estados Unidos Mexicanos, principió en 1808, cuando por efecto de la invasión hecha a España por los ejércitos de Napoleón, quedó aquella nación acéfala y entregada á los gobiernos populares que se establecieron en aquella época, bajo la dirección de gefes (sic) que no tenian otra misión que las inspiraciones de un patriotismo ciego y tumultoso.

Definición exacta de la Historia (aunque suene redundante) como arma política.

20
Jun

Carlos María de Bustamante o los vicios de la historia nacionalista

La forma peculiar que presenta Carlos María de Bustamante como escritor de la historia patria nos introduce en un mundo en el cual el pensar histórico, siguiendo las líneas propias de la época y la coyuntura política del momento, se vuelca en una interpretación contingente de la historia, variable, me explico: a Bustamante le toca vivir todos esos momentos, principios del siglo XIX, en los que se está discutiendo una forma de país; en los que se dejan entrever por todos lados brotes continuos de librepensamiento; la ilustración francesa a la mexicana, invoca en los personajes que actúan en la política nacional, ánimos de acción, la filosofía jusnaturalista los absorbe y la sorprendente cantidad de personajes influidos por ésta nos hacen ver el propósito de un nuevo proyecto tanto en el campo de la política del momento, como en la manera de escribir la historia.

Bustamante nace el 4 de noviembre de 1774 y aunque se le imponen académicamente duros tropiezos (reprueba el primer año de bachiller)* logra terminar sus estudios en artes, para luego entrarle un poco a la filosofía y a la teología; termina como abogado. A partir de este momento estará desempeñando diversos e importantes cargos públicos y ejerciendo con gran vehemencia el periodismo como editor de El Diario de Méjico; libra batallas importantes en pro de la libertad de prensa y escribe hasta el cansancio.

Como buen activista político que fue se une a los movimientos insurgentes, cuando Morelos le concede el grado de brigadier, cumple labores militares de importancia, aunque ya antes había rechazado una invitación de Allende para unirse a la conspiración. En efecto, este roce con los grandes personajes del momento influyó en su pensamiento cuando se expresa colaborando en la redacción de Los Sentimientos de la Nación; el Acta de Independencia y el Manifiesto a la Nación; trabajó también en la redacción de la constitución de Apatzingán.

Contribuyó entonces con grandes obras entre las que destacan: Hay tiempos de hablar y tiempos de callar; Continuación del Cuadro Histórico; Medidas para la pacificación de la América Septentrional; El Nuevo Bernal Díaz del Castillo, entre otras.

Su psicología se centra en el personaje recto, responsable, comprometido con su país y, por eso, nacionalista hasta la ignominia: “Fue don Carlos María figura harto pintoresca: curioso, dicharachero, patriota, republicano y católico ferviente, pretencioso de su asistemático saber, pero honrado y bien intencionado.” Nos dice Josefina Z. Vázquez en su Prólogo al texto Bustamante, El Nuevo Bernal Díaz del Castillo, o sea, historia de la invasión de los angloamericanos en México, editado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

No sobra explicar que con sus constantes participaciones en la política del momento dejo huella minuciosa, como periodista y como historiador, de algunos acontecimientos de importancia, que si bien están fuertemente idealizados, resultan de gran interés para la comprensión del periodo que trata.

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