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Entradas de la categoría ‘Discusión política’

11
May

¡Derechos!… pero no obligaciones…

Bien lo señala el pensador: Don Ortega y Gasset, gran espectador de nuestro tiempo, pone el dedo en la llaga, y descubre la falsa actitud, el confort producido por la fácil medianía en la que se instalan nuestro momento social, dice:

Dos defectos de nuestra civilización moderna: enseña derechos y no obligaciones; carece de autoctonía; es decir, que consiste en medios y no en actitudes últimas, deja inculto el fondo de la existencia, aquello de la vida del hombre que es lo absoluto o al través de los cual ésta se inca en lo absoluto.

Es así: la producción de significados efímeros, de gratificaciones momentáneas, simples pero muy vistosas acaparan la atención del humano actual. Lo hacen aferrarse a la persecusión de lo que es “del momento”, lo que suena hoy; dejando para siempre el cultivo de lo más profundo, aquello que realmente incide en la más profunda espiritualidad. El resultado: discusiones, pláticas, peleas, defensas apasionadas llenan nuestras redes sociales pero no involucran los temas fundamentales. Lo verdaderamente importante.

En este sentido, nuestra civilización es superficial, y aceptarla o no, tomarla todo o sólo una parte es cuestión de capricho. Por eso con facilidad creciente vemos desentenderse de su decálogo a las gentes, o tomar de éste sólo lo que en cada caso les place.

Vemos que el hombre medio se complace en lo pasajero, se admira de lo sencillo, se apasiona con lo simple. Y de ello resulta una enorme masa que ocupa más el sentido del capricho instantáneo, la ocurrencia momentánea que la meditada  ⏤pero complicada, de ahí su abandono⏤ búsqueda del ideal. Una sociedad, en fin, de medios pasajeros. De simples ocurrencias, que es, por lo mismo, fácilmente manipulable.

 

Citas tomadas de

José Ortega y Gasset, «Revés del almanaque», 1930

15
Sep

¿Qué es América latina?

En su «Introducción» a América Latina. Introducción al extremo occidente. editado en México por Siglo XXI en 1989 y que abarca las páginas 17-36, Alain Rouquiè se plantea una pregunta:  ¿Qué es América Latina? Fenómeno cultural, étnico o geopolítico, el espacio que comúnmente conocemos con el título de América Latina encierra en sí dificultades para su correcta definición. Alain Rouquiè, que está perfectamente al tanto de lo anterior, hace revisión de los diferentes problemas que implica una nomenclatura común para este territorio. Tratando de abordar todos y cada uno de los posibles nombres que son plausibles, nuestro autor establece los límites de cada uno, los somete a riguroso análisis que en concordancia con la realidad que le sirve de juez, saca a la luz casi todos los problemas de nomenclatura.

Ahora bien, no se trata tanto de denunciar la falta de un concepto viable como de profundizar en los ya existentes. A partir de ellos se logra una comprensión casi homogénea de este espacio. Por cierto que el uso de los referentes internacionales, más concretamente de las grandes potencias, le permiten al autor llegar a disertaciones útiles en el marco de la historia de estos pueblos, de estas naciones. Los títulos de pueblos homogéneos, heterogéneos y en vías de hogeneización son recursos importantes que permiten al autor hacer más comprensible su discurso, y por tanto su análisis.

Quedan claras varias cosas: que la llamada América Latina NO es un todo homogéneo, que tiene rasgos en común pero los tiene también diametralmente opuestos. Y que el curso histórico de estos pueblos nos ofrece mucho de su presente, su desgracia histórica.

15
Sep

Sutiems, los compromisos

Se dice poco, pero la gran herramienta del Sindicato titular del IEMS es contar con los reglamentos de la Comisiones mixtas y el Reglamento Interior de Trabajo. Esos lineamientos que ⏤parcos aún⏤ norman asuntos tan importantes como los cambios de plantel y turno, las licencias, permisos y demás derechos imprescindibles.

Es en estos documentos, en su comprensión cabal y profunda, es en donde se encuentra la clave para una justa retribución a los trabajadores que depositan su confianza en la representación sindical. Una retribución justa, decíamos, ya que son documentos que prescriben la bilateralidad de decisiones. Es decir, garantizan el dictamen «neutral» en consideración de un hecho simple: las decisiones se toman en conjunto, no de manera privativa.

Cierto que hubo graves golpes a esta instancia cuando nos tocó el atentado frío y calculado de Ulises Lara y la intromisión del Sindicato minoritario: en riesgo estuvieron muchas negociaciones y ⏤de hecho⏤ se violentaron diversos derechos. La calma regresó al ser anunciada y festejada la salida de Lara y toda su estructura. Al intervenir un funcionario de alto nivel ⏤el secretario de educación de la ciudad⏤ se pudo restablecer el «semiorden» que imperaba. Y buenos aires se respiraban.

Lo lamentable fue que los representantes sindicales no supieron darle seguimiento apropiado, preocupados más por «complacer» a los mal llamados «interinos» que son cercanos ⏤cuando no amigos o parejas sentimentales⏤ a su grupo y fieles «defensores» de cualquier crítica o cuestionamiento que los líderes recibieran.

Lo lamentable fue ⏤decíamos⏤ que la mirada se orientó a esa lucha, mientras se obnubiló lo importante: la revisión contractual pasó desapercibida y la oportunidad de mejorar los instrumentos legales con los que contamos se esfumó. O al menos así parece.

Por ello, la actuación de la dirigencia saliente ⏤cuyos integrantes, hasta donde sabemos, no rindieron informes⏤ debe ser compensada por un Comité Ejecutivo renovado que no se instale en la cómoda posición de «hacer de todo y no hacer nada». Esto quiere decir que el respeto por las diversas tareas que cada una de las carteras define es esencial, fundamental. Desde aquí se sugiere el trabajo especializado en cada cartera y que las posiciones se respeten. Que no se acapare el trabajo o se monopolice la información. Que no se generen grupos ni luchas inicuas que no llevan a nada bueno. Que no se crea que el CE tiene un poder que en realidad no tiene. Y un Secretario general ⏤y secretario de organización⏤ que no sea «todólogo» creyendo que debe estar siempre bajo la luz del reflector.

Así se podrá garantizar un intenso trabajo de revisión y manejo profundo ⏤por parte de las carteras correspondientes⏤ de los reglamentos de comisiones mixtas y demás disposiciones que urge mejorar, clarificar, especificar. Y esa gran herramienta de la que hablábamos se consolide para el bien de los trabajadores del IEMS.

27
Ago

La sucesión real en el SUTIEMS

Todo el que conozca un mínimo de lo que ocurre en el Sindicato de la Unión de los Trabajadores del IEMS, sabe que en su interior hay fracturas, hay grupos opuestos con intereses diversos. Muchos de ellos son claros y directos, otros se ocultan bajo el disfraz de la lucha social, aquellos navegan en el furibunda crítica sin descanso. Este fenómeno no es raro, no es inusual; más aún, es completamente normal: corresponde a la naturaleza de toda organización humana. Casi diríamos que no puede ser de otro modo, y nos ahorraríamos disgustos innecesarios si, de una vez, lo aceptamos como real. Conviene que empecemos a trabajar con la idea de que esto no podrá cambiar.

La verdadera problemática empieza cuando alguno de estos grupos aspira a la sobre exposición de su fuerza, esto es, a la exageración de su alcance real. Sean dos o tres o más grupos los que ahora se cuenten en el SUTIEMS, lo cierto es que la existencia y el éxito del sindicato se mide por el equilibrio que generan. Por la estabilidad que permita el triunfo colectivo que es el sentido de la organización.

Este equilibrio en la correlación de fuerzas tiene su mejor ejemplo en la composición de la dirigencia del sindicato, ahí se combate ⏤no en sentido literal⏤ para impulsar las decisiones que se consideran apropiadas: cada grupo opta por empujar el sentido de la acción colectiva hacia tal o cual política. Esto ha funcionado. Mal que bien, pero ha funcionado al menos desde aquella severa fractura que dio por resultado la creación de otro sindicato que no fructificó. Y no lo hizo porque el grupo que lo defendió sobredimensionó su fuerza, hizo un cálculo irreal de su alcance y terminó perdiendo su presencia.

Los grupos que aún quedan y que ⏤ojalá⏤ se consoliden, mostrarán su valía si pueden impulsar, proteger, pelear por los objetivos fundamentales de la organización, si consiguen que la sucesión que nos espera respete la correlación de fuerzas en uno de los aspectos centrales: la secretaría general. Ese puesto que, ciertamente, implica una responsabilidad mayor ⏤y no tanto por las derivaciones jurídicas que le son propias⏤ es quizá el mejor ejemplo para que el equilibrio en las pugnas grupales se sintetice, se calme, se serene. Si la representación en este puesto va orientada aún mínimamente hacia la preferencia de un grupo en concreto, existe el riego de la fractura. No cesarán los dimes y diretes, se abre el espacio para la pugna sin razones coherentes, apasionada e insensata. Esta breve inclinación produce, inevitablemente, la suspicacia y la desconfianza más allá de la sana y productiva duda racional.

Por eso conviene que los candidatos a ocupar el mencionado puesto mediten bien si la ocupación de tal responsabilidad no produce más riesgos que posibilidades de equilibrio. Conviene que miren primero la organización colectiva mayor que el interés ⏤genuino y respetable⏤ por defender las políticas del grupo al que pertenecen. Conviene que den espacio al equilibrio, a la novedad, al genuino cambio y, para el caso concreto que nos ocupa, faciliten una transición sin recelos o corajes. Que permitan la sucesión real y duradera. No se perderá mucho, existen más puestos de representación con buen alcance definitorio además de un CGR compuesto, igualmente, de muy variopinta filiación grupal.

Mirar por la búsqueda de un equilibrio en el que puedan confluir las opiniones diversas sin que estalle o se fracture la unión es la garantía de que la organización tendrá larga vida y todo por el bien de nuestra materia de trabajo. Ojalá que así sea.

7
Ago

Lorenzo de Zavala y la narración histórica del político

Cuando el 13 de octubre de 1788, nace Lorenzo de Zavala, en Yucatán los sucesos que recorrían al virreinato de la Nueva España eran aún la semilla de lo que pronto se desataría como el movimiento más complejo y paradójico de esos tiempos: La independencia de la Nueva España. Zavala tendría que esperar hasta sus 33 años para iniciar una vida de actividad política que lo situó en al ámbito de mayor importancia del momento; desempeñando puestos de suma importancia paso de diputado a las cortes a gobernador del estado de México, según nos dice Andrés Lira en la página 195 de su valioso estudio, Espejo de discordias, editado por el Consejo nacional para la cultura y las artes en 1984; llegó incluso a escribir el discurso preliminar de la constitución del 24. Su astucia lideresca le permitió desenvolverse mediante la intriga, la canallada y el golpe bajo, que caracteriza a todo aquel que quiera inmiscuirse en la falacia ésa que se llama política. Hechos como la creación del rito de York, el motín de la acordada y su consecuente destierro como ministro plenipotenciario de México en Francia, demuestran su tendencia a la acción de masas, aunque después lo negaría. Luego se le vería promoviendo la independencia de los colonos texanos. Adquirió grandes fortunas que le rindieron para su residencia Zavala`s Point donde murió en 1837.

Hombre de gran talento retórico, se desempeñó como periodista y escritor, leyó a los grandes filósofos y pensadores de su época y dejó una obra que se inserta como representativa dentro de la historia de la historiografía mexicana, su famoso Ensayo histórico de las revoluciones desde 1808 hasta 1830, donde intenta, según escribe, ser imparcial ante los hechos. Veamos qué tanto lo fue.

Escuchemos al propio Zavala definir su método que podemos encontrar en la página 9 de la «Introducción» a su Ensayo histórico de las Revoluciones de México desde 1808 hasta 1830, publicado por el Fondo de Cultura Económica en 1985, el subrayado es mío:

Al emprender publicar este  Ensayo histórico de las últimas revoluciones de México, me propongo mas bien dar á conocer  el carácter, costumbres y diferentes situaciones de aquel pueblo, que hacer narraciones cansadas en las que como dice muy bien M Sismondi, solo se encuentra una repetición de los mismos actos de crueldad, de maldades y de bajeza que fatigan al espíritu, causan fastidio á los lectores y degradan en cierta manera al hombre que se ocupa largo tiempo en recorrer los horrores y estragos de los partidos y facciones.

Frase ésta bastante elocuente que nos induce a pensar que dentro de sus limitaciones narrativas no está exenta, al menos, la contrariedad teórica, me explico: es común encontrar en los escritos de la época palabrería bañada con fuerte carga emotiva que disfraza y tergiversa, miente.

Su forma de escribir, que no de pensar la historia se acerca a una narración que intenta rescatar del pasado hechos y acontecimientos políticos, por más que opine lo contrario, su relato abusa de adjetivos peyorativos y conjuga la sentencia apocalíptica con la crónica lúcida, pero no menos polémica. Estos elementos aparecen para seducir una idea que nos muestre poco, o nulo, intento histórico verdaderamente histórico en el escrito de Zavala; hay más bien la necesidad imperiosa, aunque implícita y borrosa, de protestar ante el hecho: el pasado se vuelve prueba de que el presente está mal, hay que guiarlo entonces, partidariamente demostrando las mentiras a las que es sometido, aquí otras palabras de Zavala ubicadas en la página 10 del citado libro:

Los historiadores de la conquista de México han dado á sus relaciones un aire de ecsageración (sic) que han sido el origen de muchas fábulas ridículas y de romances divertidos. Los mas juiciosos escritores no han podido preservarse de dar crédito á algunos hechos enteramente falsos, y aun absurdos, lo que les ha inducido en errores de mucha consecuencia, y podemos asegurar que ninguna historia ha sido más revestida de ilusiones, de hipérboles, de cuentos y episodios románticos, que la de esos remotos países, causando la distancia y aislamiento en que los mantuvo la política del gobierno español, casi los mismo efectos que los que produjeron los tiempos heroicos.

Su determinación de falso altruismo se desemboca en la aspiración a convertir los sucesos históricos en arquetipo del bien o mal obrar, si por casualidad el antepasado recibió un mal trato, ahora, dentro de la actividad política que le toca desempeñar, esto, él y su grupo, pueden cambiarlo. No se trata de desperdiciar pluma para “conocer el carácter costumbres” etc., de los historiados dentro de su importancia científica (si se me perdona el  primer anacronismo confeso), sino más bien conocer esto siguiendo una lógica de desprestigio, manipularlo arguyendo siempre culpabilidades, relatarlo consintiendo la alusión más que la determinación, sirvan unas palabras ubicadas en la página 29 del Ensayo ya citado:

La revolución de Nueva España, hoy Estados Unidos Mexicanos, principió en 1808, cuando por efecto de la invasión hecha a España por los ejércitos de Napoleón, quedó aquella nación acéfala y entregada á los gobiernos populares que se establecieron en aquella época, bajo la dirección de gefes (sic) que no tenian otra misión que las inspiraciones de un patriotismo ciego y tumultoso.

Definición exacta de la Historia (aunque suene redundante) como arma política.

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