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Artículos Recientes

11
Nov

Sobre el aplauso

Un hombre que, cuando una perfección pasa ante él, no siente la necesidad del aplauso, es un hombre del cual poco se puede esperar; notad que es ese fenómeno del aplauso uno de los caracteres más extraños, profundos y raros de la especie humana: que las cualidades de un objeto que no es ni va a ser de uno, por sí mismas, provoquen en nosotros ese instinto de abrir los brazos al horizonte, como queriendo abarcar el mundo, de juntarlos enérgicamente, de disparar el extraño pájaro del aplauso, de la ovación, signo específico del hombre que anima la Historia. El aplauso abre el corazón; por eso el gesto primero del que aplaude es abrir los brazos.

José Ortega y Gasset, «Discurso en las Cortes Constituyentes», julio de 1931

12
Ago

Sobre el dolor, según Jünger

Hay un texto brillante de Ernst Jünger donde nos presenta una reflexión sobre el carácter ontológico del dolor. Es decir, la particular importancia que tiene el dolor en la relación del hombre con el mundo. Una relación que no sólo se presenta como vínculo con el mundo, sino como forma de conocimiento del mundo, como forma de ser en el mundo: es un diagnóstico de época. Nuestro autor está pensando y reflexionando sobre la particular situación de los primeros 30 años del siglo XX y los efectos más inmediatos de la tecnología y los ideales del progreso propios del siglo anterior. Así, la época que el autor llama volcánica, es al mismo tiempo catastrofista y dirigida a la tendencia generalizada de eludir el dolor. Eludir el dolor para nuestro autor, es una forma de observar y clarificar muchas de las formas en que se presentan éste, creando discursos,  actitudes cotidianas, explicaciones,  que se conocen como medicina y, se concretan en las medidas de seguridad. Es el claro ejemplo de una época cuyo principio de organización parece ser la elusión del dolor. Nos dice Jünger:

La negación del dolor como componente necesario del mundo ha tenido un tardío florecimiento en la posguerra. Son éstos unos años que se señalan por una extraña mezcla de barbarie y humanitarismo; se parecen a un archipiélago en el que los islotes de los vegetarianos estuvieran situados al lado mismo de las islas de los antropófagos. Un pacifismo extremo al lado de un incremento monstruoso de los equipamientos bélicos… [Tusquets: 2003]

Y si pensamos en los videos de contenido violento que circulan constantemente en la Red, así como en la reacción de supuesta humanidad de los comentarios que leemos al final de la publicación, entendemos claramente la posición que juega el dolor, o la evasión del dolor en los tiempos que corren, y pensar que Jünger escribió su texto en 1935.

6
Ago

El hablador

Juan de Mairena, el gran profesor ⏤quien, a su vez, narra la historia de su profesor Abel Martin, conoció como pocos el proceder del alma humana: vio claramente que bajo la imagen del hablador se esconden muchos entresijos, pero, más importante aún, vio como el hablar mucho, hablar de todo, es un gran mal de nuestro siglo ⏤acaso de la historia de la humana persona. Hablar sin tener nada importante que decir, el chiste es hablar.

Pero suele ser lo silencioso, lo sutil, lo invisible, lo menos llamativo, lo que casi no se ve; suele ser, decíamos, lo más importante. Lo malo es que no se le escucha; tenemos los oídos educados para desoír lo importante, pero hartarnos de escuchar lo superficial; demos la palabra a San Antonio Machado:

Cuando se ponga de moda el hablar claro, ¡veremos!, como dicen en Aragón. Veremos lo que pasa cuando lo distinguido, lo aristocrático y lo verdaderamente hazañoso sea hacerse comprender de todo el mundo, sin decir demasiadas tonterías. Acaso veamos entonces que son muy pocos en el mundo los que pueden  hablar, y menos todavía los que logran hacerse oír.

Juan de Mairena, XXIV

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